Las comunidades agrícolas, representantes de parte importante de la cultura tradicional de la Región de Coquimbo, en el Día Internacional del Agua, nos encontramos en relación a este recurso fundamental, en una crítica relación.
El limitado y casi inexistente acceso a la titularidad de los derechos de aprovechamiento de aguas superficiales por parte de las Comunidades Agrícolas reguladas por el D.F.L. nº5, aparece como una más de las manifestaciones del fenómeno que más ha ido ocupando el debate nacional y que se transforma en una de las principales deudas del proceso de reconstrucción democrática: La Desigualdad.
Para dar una idea simple, las Comunidades poseemos la cuarta parte de la propiedad inscrita en la región de Coquimbo, pero debemos poseer un 0,0001 % de las aguas superficiales inscritas.
El concepto desigualdad no sólo debe referirse a los niveles de ingresos pecuniarios que un individuo o un grupo determinado exhibe, sino que en una perspectiva más amplia, se remite a la distribución de la riqueza y el acceso a todos los bienes y recursos productivos, económicos y culturales que una sociedad ofrece a sus miembros.
El recurso hídrico, fundamental en todo ordenamiento, juega un papel central en toda aspiración de reproducción de dicho orden y en nuestra provincia, la escasa presencia de las Comunidades en los registros que dan cuenta de la propiedad de los derechos de aguas, es síntoma de los desequilibrios distributivos.
La falta de fuentes seguras de aguas y títulos a derechos de agua tiene profundas raíces históricas y reflejan la pobreza y baja posición social de los campesinos, y el Código de Aguas dictado en 1981, aunque haya experimentado modificaciones recientes, nos ha dejado, de varias maneras, en peores condiciones.
Este Código, que convirtió al agua, en una mercancía más que en un recurso o bien patrimonial, consagró al mercado como el principal asignador de los recursos, dejando de lado la circunstancia esencial que participar en un mercado tan competitivo por la escasez del recurso, a los campesinos les falta el elemento esencial: El Dinero.
Quienes no contamos con recursos financieros suficientes, nos ubicamos en los márgenes del mercado y simplemente no podemos comprar las aguas superficiales que eventualmente se ofrecen en el mercado.
Si se analiza el conjunto de instrumentos y herramientas de fomento ideados por el Estado , salvo un limitado bono legal administrado por los organismos del agro, no se encuentra instrumento alguno ideado para que los campesinos accedan al agua que se transa en el mercado. Lo que las políticas públicas parecen decirnos es simplemente, si queremos participar en el mercado de aguas, debemos , perdonando la expresión, rascarnos con nuestras propias uñas.
Cuando hoy, la comunidad internacional reconoce a través de la Recomendación General Número 15 del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de la Naciones Unidas al derecho al agua como un derecho humano vinculado directamente con el derecho a la vida, resulta difícilmente explicable que existan tan pocas herramientas para que los campesinos chilenos accedamos en condiciones equitativas al recurso hídrico.
Cuando paulatinamente, amplios sectores sociales comienzan a concordar que bienes tan básicos como la salud y la educación, no son solamente mercancías transables o bienes de consumo, , sino que medios fundamentales para alcanzar niveles de vida decentes, el tema del acceso igualitario al agua, debe convertirse en un tema estratégico, en el que deben intervenir todos los actores sociales, económicos y políticos. Insistir en un errado carácter del agua como un bien de mercado, simplemente consagra que aquellos que tienen mayores recursos económicos, terminen monopolizando el agua, elemento fundamental de vida.
Como agricultores campesinos, los comuneros difícilmente podemos competir en el mercado del agua con medianos y grandes productores agrícolas, ni menos con transnacionales ligadas al complejo agro-exportador o empresas mineras.
La sobrevivencia del sistema de vida campesino y en particular de las Comunidades Agrícolas, se vincula hoy día estrechamente, con un cambio en la concepción que Chile tiene del recurso hídrico.
El agua es un elemento fundamental para la vida humana y la mantención del equilibrio agroecológico. No recuperar su naturaleza de Bien Público, garantizando un acceso equitativo a ella de todos los hombres y mujeres de nuestro país, significará simplemente, la condena a la desaparición de modos de vida, formas de producción y sistemas ecológicos irrecuperables.
MIRTHA GALLARDO SAAVEDRA
Presidenta Asociación Gremial
Comunidades agrícolas provincia Limari.
