Me he dado cuenta que con el pasar de los años las madres se convierten en santas, pues uno las mira hacia atrás y te das cuenta de todo eso que te han entregado. O cuando también te hacían enojar y decías entre dientes que era “una vieja de mierda.”
Siempre he pensado que mi madre es como es, por lo que tuvo que pasar, ya sea en mi nacimiento, en el colegio y mi juventud. Ella es como una mujer fuerte aunque llore por los rincones en aquellos días de flaqueza, pero sobre todo ha tenido la dicha de volverse a levantar y continuar.
La Marta, como la conocen muchos acá en Ovalle (tía Carmen, Aurora, etc.) estudió en el Liceo de niñas, Estela Molina de Perry, donde sacó su cuarto medio y se fue a estudiar a la Universidad de La Serena. Ahí conoció a mi papa y nací yo como producto de una actividad extra programática y extra curricular de aquella casa de estudios.
Siempre anda preocupada de todos y de todo, y cada vez que la llamo o me llama por teléfono está corriendo a tomar la micro o el metro ya que todavía no se decide a venirse de Santiasco.
La vida está así de apresurada y a veces me gustaría que se tomara un café en una esquina con una amiga o que fuera a algún concierto (de Sting podría ser) con mí papá para que así se relajara y no viviera a 160 km/hr.
Mi Independencia
Creo que hice bien en decidir volar de casa. Era algo necesario para mí, y para ellos, porque necesitaba “mi libertad” y mi espacio. “Mi casa no es un motel y si quieres tener algo con una niña tenlo afuera…” me decía cuando yo inocentemente invitaba a una amiga o “amiguita” a alojar a la casa.
Es por eso que apenas me titulé, decidí emprender este vuelo que aún no concluye y que me tiene aún en este Ovalle.
Es fuerte cortar aquel cordón umbilical de las mamis. Sin embargo nunca me he considerado tan tan mamón como unos que conozco, porque se sufre mucho cuando la que te engendró desaparece. Y yo no quiero pasar por algo tan terrible, pero real.
Mis Abuelas
Tengo aún a una abuela y una abuelita vivas, sin dejar de nombrar a las bisabuelas que ya no están. Por un lado mi abuelita, que la conocí acá en Ovalle, siempre ha sido una segunda madre, sobre todo, cuando viví un tiempo con ella, cuando mis padres aún estudiaban en La Serena. Su amor ha sido incondicional y sin precio alguno, la magia que ella entrega, y digo magia porque en un rato hace pan amasado o un plato favorito, es y será siempre un regalo. Como dicen por ahí: a las abuelas no se las elige.
Por otro lado mi abuela de Santiago, también siempre estuvo conmigo y vivimos con ella hasta los 6 años… Era ella la que me llevaba a los controles de la Teletón y me daba de probar de esa asquerosa leche con Quick que repartían mientras uno esperaba el turno para que nos atendieran. Después crecimos y su casa o mejor dicho su patio lo convertía en un gran escenario con amigos, poetas, músicos y demases, convirtiendo muchos de mis cumpleaños en una gran fiesta cultural de las cuales nunca me he olvidado.
Es así como seguiría hablando de personas cercanas a mí que son madres y que han tenido esa fragilidad y paciencia de enfrentar las cosas.
Estoy escribiendo hoy 10 de mayo, día de las madres, y las saludo reconociendo su tarea y su cobijo, un abrazo para todas y felicidades.
FEMO
PD: La nota está algo atrasada, pero la intención es más importante.













