Texto de la Homilía leído por el padre José Luis Flores durante el Te Deum de los 181 años de la Fundación de la ciudad Ovalle el pasado 21 de abril:
Muy queridas autoridades y hermanos y hermanas todos:
Nos hemos reunido en este Templo parroquial de San Vicente Ferrer para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos y elevar a El nuestras plegarias por el futuro de esta ciudad.
Esta ciudad, cuyo aniversario de fundación celebramos hoy, en este Templo Parroquial existía antes desde el año 1688, mucho antes que se fundara la ciudad de Ovalle. Dependía de la Parroquia de Barraza y estaba situada en la Hacienda de Don Diego de Rojas.
En 1824, bajo el gobierno de Monseñor José Santiago Zorrilla, Obispo de Santiago, se funda la Parroquia del Curato de Limarí (Tuquí Bajo). En 1831 se funda la ciudad de Ovalle y en ello tuvo su influencia la antigua Capilla, que estaba ubicada frente a la plaza.
Es este lugar de tradición y fe, existen hoy los discípulos y discípulas de Jesús, este templo más que una estructura en esta ciudad, es ante todo una FAMILIA, con distintos ministerios y servicios, es la comunidad viva en la fe, en las diversas manifestaciones comunitarias, donde Jesús se hace presente de manera misteriosa y clara, ya que él se encuentra en todos aquellos discípulos que procuran hacer suya la existencia del Señor. De manera especial, Jesús se encuentra en aquellos que dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común para construir un mundo más justo y más fraterno. (Documento de Aparecida).
Dios vive en la ciudad
"La fe - como afirman los Obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida - nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades, como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las personas tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos de fraternidad, solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano es llamado constantemente a caminar siempre más al encuentro del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado por él" (DA, 514).
Nuestra Iglesia, que vive en Ovalle, quiere estar "al servicio de la realización de esta Ciudad, a través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de la celebración de la Liturgia, de la comunión fraterna y del servicio, especialmente, a los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando en Cristo en cada hermano, como fermento del Reino. " (DA, 516).
Es por ello que "la Iglesia, anunciando el Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la sabiduría divina. ... Evangelizar el ámbito social significa infundir en el corazón de los hombres la carga de significado y de liberación del Evangelio, para promover así una sociedad a medida del hombre en cuanto que es a medida de Cristo: es construir una ciudad con personas más humanos porque es más conforme al Reino de Dios" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 63).
En esta construcción de la ciudad del hombre, "los fieles han de aprender a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana" (Lumen gentium, 36).
La ciudad terrena se rige por sus propios principios.
"En nuestro tiempo es muy importante que esta distinción, y al mismo tiempo esta armonía, aparezca muy clara en la manera de actuar de los fieles para que la misión de la Iglesia pueda responder mejor a las circunstancias especiales del mundo actual. Hay que reconocer, en efecto, que la ciudad terrena, dedicada con todo derecho a las preocupaciones temporales, se rige por sus propios principios" (Lumen gentium, 36).
Fundamentada en esta clara doctrina del Magisterio de la Iglesia, "la Iglesia no quiere de ningún modo mezclarse en el gobierno de la ciudad terrena. No reivindica para sí ninguna otra autoridad que la de servir con la ayuda de Dios a los hombres con amor y fidelidad" (Ad gentes, 12).
Con tristeza, debemos constatar, usando las mismas palabras de los Padres del Concilio Vaticano II, que "hay quienes, profesando opiniones amplias y generosas, sin embargo viven siempre como si no se preocuparan en absoluto de las necesidades de la sociedad. ... No pocos, con diversos fraudes y engaños, no dudan en evitar los impuestos justos u otras obligaciones debidas a la sociedad. Otros estiman poco algunas normas de vida social, por ejemplo el pago de imposiciones al trabajador, sin darse cuenta de que con semejante negligencia ponen en peligro su vida y el futuro de los habitantes de esta ciudad y de las futuras generaciones. Sea para todos algo inviolable considerar y observar las relaciones sociales como uno de los deberes principales del hombre de hoy" (Gaudium et spes, 30).
Nos recuerda el Documento de Aparecida que "nuestra hermana la madre tierra es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador y, en definitiva, contra la vida" (DA, 125).
"El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la solidaridad con la generación presente y las futuras" (DA, 126).
Anuncio del Evangelio en esta ciudad.
Reafirmando con profunda convicción cuanto ya he dicho, o sea, que "la Iglesia no quiere de ningún modo mezclarse en el gobierno de la ciudad" o del país (nunca he tenido simpatía por el clericalismo tanto de derecha como de izquierda, dos caras de la misma medalla); solo en nombre y en fuerza del Evangelio del Señor, que nos llama a "construir una ciudad del hombre más humana porque es más conforme al Reino de Dios"; en nombre del Dios de la vida, recordarles las palabras del Evangelio de hoy, proclamada en este solemne Te Deum: Las primeras comunidades cristianas vivieron momentos de mucha turbación.
Recordar el episodio de peligro y miedo que experimentaron durante la tempestad en el lago. Lo que sucedió aquella noche les servía a ellos y nos sirve a nosotros para saber cómo salir airosos de las situaciones más difíciles. Jesús les quita los miedos con su palabra divina: “Soy yo, no temáis”. Tempestades y peligros parecidos nos asaltan hoy en la Iglesia y en la sociedad.
Por otra parte, las desavenencias en los grupos humanos son el pan de cada día. Y cuando se trata de nuestra comunidad cristiana, se pueden convertir en verdaderas pruebas de fe. En lugar de ver fantasmas, tenemos que afinar nuestra mirada y agudizar nuestro oído para ver y escuchar a nuestro único Señor y Maestro. Sólo él con su presencia puede hacer florecer en el corazón de la comunidad, de cada discípulo, la armonía y la paz en nuestra sociedad de hoy.
Por otra parte, escuchábamos en la lectura de los Hechos de los Apóstoles, que los discípulos estaban buscando que atendieran a las necesidades materiales de la gente. Se esperaba que estos discípulos fueran servidores llenos del Espíritu de sabiduría, que percibieran con sensibilidad las necesidades, y fueran justos e imparciales al distribuir el alimento y la ayuda necesitada. Se requiere efectivamente sensibilidad para percibir quiénes son los realmente necesitados y qué necesitan realmente. Los apóstoles designaron a Esteban y a algunos compañeros más para esta misión. La Primera Lectura de hoy nos dice también que la primera obligación de la Iglesia es la proclamación de la Buena Noticia de salvación. Y el Evangelio añade, como buena noticia, que Cristo permanece siempre con su Iglesia y en el mundo, también en las pruebas y tempestades de todos los tiempos y que con los pobres, los humildes, los desalentados, el Señor ha hecho una alianza. Es nuestro deber hacer realidad esta alianza, de construir una ciudad donde haya hermanos y hermanas, no grupos con distinciones o discriminaciones de unos contra los otros, una sociedad más humana, porque es más conforme al proyecto de Jesús, mas conforme al Reino de Dios"
Plegaria acción de gracias.
En un día de fiesta como es el que estamos viviendo, nuestra oración quiere expresar también, nuestra gratitud al Señor de la vida por esta tierra regada por el agua que brota de las altas cordilleras y cuyos frutos forman parte de la mesa que congrega a la familia Ovallina.
Bendecimos a Jesucristo el Hijo amado del Padre porque con su muerte y resurrección nos ha liberado de la esclavitud de la muerte, invitándonos a formar parte de su Reino, donde se vive plenamente el amor, la verdad y la justicia.
Si el Te Deum, es un himno de acción de gracias, yo me permito decirle al Señor, Gracias por invitarnos a formar parte de tu vida con el don de la fe.
Gracias, por acompañarnos con la luz del evangelio que nos invita a vivir en la esperanza que salva. Evangelio que volverá ser proclamado solemnemente cuando veamos reconstruido el Templo de Santuario de Sotaquí, alegría de toda la provincia del Limarí, donde el pueblo fiel se expresa en sus tradiciones y con fe sencilla.
Gracias, cuando hemos visto las caras sonrientes de los niños de las escuelas de Tabalí y Unión Campesina, mejorando así la calidad y equidad de nuestros niños y jóvenes en la educación.
Gracias, por todos los jóvenes en este año de la Misión de, para y con los Jóvenes, tendrán lugar para la danza, el canto o en el teatro, cuando sea re-inaugurado el teatro municipal.
Gracias, por la participación de los adultos mayores, los enfermos, los dirigentes sociales y todos los que ayudamos a construir una ciudad de calidad de vida, donde la persona sea más humana, porque es más conforme al Reino de Dios"
Estimada Señora alcaldesa: Permítame saludarla en este día de fiesta para la ciudad y para el municipio. Que el Señor bendiga su trabajo y el de sus colaboradores. Una palabra de gratitud y estímulo para todos los voluntariados, profesores, estudiantes, comerciantes, trabajadores del campo y de quienes laboran en la minería.
Que la Virgen del Carmen Patrona de Chile, proteja a Carabineros de Chile, como así mismo de la Policía de Investigaciones.
Que San Vicente Ferrer interceda por toda la familia Ovallina, especialmente a los que más sufren en esta ciudad, y que sueñan con vivir en un lugar siempre acogedor, una sociedad más humana, justa y fraterna.
A ti Señor te alabamos y te bendecimos, por los siglos de los siglos, Amén
P. José Luis Flores Moyano
Párroco de San Vicente Ferrer
Vicario Foráneo del Limarí