Por un azar del insondable destino don Sergio se encontró con Tulahuén que fue su hogar por más de 40 años y cobijará, por siempre, lo que en el había de mortal.
La historia recogerá su pasado y su testimonio. Es su tarea.
Quiero narrar lo que de él escuché y que en su quehacer intelectual plasmó.
Habiendo conocido lo más luminoso de la sociedad chilena y europea de los años cincuenta del siglo pasado, sentía que en su vida había un vacio que tenía algo de nostalgia, por un mundo distinto, existente tal vez en un pasado muy remoto o solo en su imaginación.
Don Sergio encontró en la luminosidad esplendida del Norte Chico , en sus cerros de sequedad, en sus quebradas desiertas lo que siempre busco: la paz del pensador solitario que se acerca a la creación que siente amenazada y, con su palabra escrita intenta defender.
Denuncia los excesos que depredan y destruyen.
¡ Quiere enseñarnos a vivir en armonía con el universo!.
Predica el señorío del presente, que pasado y futuro no existen. Que nuestro paso por la vida es, esencialmente, fugaz. No reniega del Yo pero la fugacidad de nuestra existencia es un llamado a confundirnos en la obra del creador y nuestra grandiosidad reside en identificarnos con ella.
Parecía no tener vanidad, vestía con la modestia del apóstol convencido de su verdad y la insignificancia de Sí mismo ante la magnitud de la tarea encargada por la misteriosa revelación que lo impulsaba. Detestaba la publicidad personal; soñaba con el conocimiento universal de su prédica. No temía el olvido, aspiraba a que la autoría de su obra fuese ignorada, que resplandeciese la verdad que llevaba en sus entrañas.
El anonimato era su identidad.
Su muerte no puede enmudecer su palabra. Su prédica esta en sus libros, en la palabra que dijo, en su ejemplo de vida que supo conjugar humildad y dignidad; alejó de si el orgullo y la soberbia que se contraponen a la obra de Dios, convencido que el sobre cultivo del YO es el primer paso del desastre al consumismo que esclaviza.
Su razón y discurso se encuentran lejos del vivir actual. En ese sentido su palabra es profética, anticipa los problemas que rodean al hombre de hoy y acosarán al hombre de futuro. Es como una ironía que un hombre que se anticipo a su tiempo, haya plasmado en la foto del instante ,su visión del mundo dinámico en que vivió .
El previno los tiempos futuros y a quienes lo escuchamos nos cae la responsabilidad que su palabra no caiga en tierra estéril.
En su retiro de 40 años no hizo vida social. Acorde a su modestia sus amistades fueron escasas. Su intimidad una fortaleza que conservó intocada. Sincero en sus convicciones no trataba temas políticos, al parecer se sintió por sobre lo contingente, detestaba la injusticia y condenó la violencia a la que temía.
El respeto solidario al otro constituye la piedra angular del mundo tolerante que, en su imaginación, fraguó.
Su muerte, ha acarreado muestras de reconocimiento universal.
Don Sergio nos perdonará.
SERGIO LARRAIN,QUE EL SILENCIO DE ESTAS MONTAÑAS TE ACOMPAÑE POR LA ETERNIDAD.
Iván Ramírez Araya
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